Los activistas de Greenpeace lograron acceder mucho más cerca de las puertas principales del Congreso que piqueteros violentos o antifascistas en marchas previas, colgando inodoros y una pancarta a solo 100 metros de la entrada, e incluso trepando por la mitad de cuadra hasta la escalinata exacta por donde ingresará el presidente el domingo.
A las 6:35 de la mañana llegaron en una camioneta Ford F100 blanca con caja de madera, bajaron 12 personas con los inodoros y otros objetos, sin oposición inicial, y tardaron casi 35 minutos en ser intervenidos por la policía, que llegó recién a las 7:10 según el parte oficial.
Se cuestiona la responsabilidad de Claudio Gallardo, jefe de seguridad del Congreso nombrado por Victoria Villarruel, exjefe de inteligencia de Milani, pese a promesas de modernización de cámaras y videovigilancia; también involucran a la Policía Federal y la División de Custodia del Senado, con una fuente del Ministerio de Seguridad admitiendo fallas.
El incidente derivó en causas judiciales a cargo de Martínez de Giorgi, incluyendo agresión policial a un camarógrafo, en contraste con operativos previos intensos ante presuntas tensiones.
Panelistas destacan que agradecen que fueran pacíficos de Greenpeace, porque con malas intenciones habrían triunfado, y sospechan zona liberada en una falla grave de seguridad.