Activistas de Greenpeace vulneraron las rejas del Congreso de la Nación, instalaron inodoros de utilería en las escalinatas y permanecieron una hora realizando una performance sin que la seguridad los detuviera de inmediato.
Panelistas cuestionaron la eficacia de la seguridad ante la proximidad del acto del 1 de marzo, donde asistirán el presidente y máximas autoridades, recordando un reciente atentado en Gendarmería y alertando sobre posibles riesgos terroristas.
La responsabilidad recae en el director de seguridad del Senado, Claudio Gallardo, designado bajo la gestión de Victoria Villarruel, con vínculos pasados con César Milani, jefe del Ejército durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Se revelaron tensiones internas por la instalación de cámaras y detectores en el Senado, generando paranoia entre asesores que evitaban hablar por teléfono por miedo a vigilancia, y se exigió la remoción inmediata de Gallardo por ineptitud o infidelidad.
El incidente expuso debilidades en el perímetro reforzado post-2001, cuestionando garantías para el presidente y destacando protocolos estrictos para la prensa pero fallas evidentes en el control físico.