María Sol Romero, conocida como "la estafadora de las mil caras" en Luján, fingía enfermedades graves como problemas en la sangre o diabetes para pedir dinero a amigos, vecinos y conocidos, estafando desde 100.000 pesos hasta 4 millones con recetas falsas de médicos.
Se hacía pasar por azafata vendiendo viajes falsos y publicaba fotos en redes simulando uniformes; a una amiga le pidió foto con DNI para "regalarle un viaje" pero sacó préstamos online a su nombre. Eugenia, dueña de un local de depilación definitiva, la contrató como recepcionista y vendedora porque era su amiga de la infancia, con lazos familiares fuertes, vacaciones y fiestas juntos.
Romero tomó control del local, subdeclaraba ventas mediante contabilidad paralela, amenazaba a empleadas reales diciéndoles que era la nueva dueña, obligaba a pasar alias a su nombre alegando embargo de Eugenia, y citaba clientas para pagos en efectivo durante el cierre del negocio. Contrató personal fantasma sin pagarlos. Eugenia denunció en 2020, pero nadie creyó por su buena imagen familiar; luego estafó a todos con facetas variadas: empresaria exigente, chica enferma necesitada, "papata" vendiendo viajes.
La llevó a la quiebra al local, siguió citando clientas y empleadas post-cierre. Buscaba víctimas de extrema confianza como amigos y vecinos.