María Sol Romero, conocida como la estafadora de las mil caras en Luján, fingió enfermedades graves como cáncer en la sangre y diabetes para pedir dinero a amigos, vecinos y conocidos, arrancando en 100.000 pesos y llegando hasta 4 millones.
Se fotografiaba en camillas simulando transfusiones y conseguía recetas médicas falsas como prueba, además de vender viajes truchos haciéndose pasar por azafata, embolsando más de 20.000 dólares en 6 años.
Como recepcionista en un local de estética, suplantó a la dueña, amenazó a empleadas para que pasaran pagos por su alias y llevó el negocio a la quiebra, mostrando múltiples facetas: empresaria falsa, enferma terminal y vendedora de ilusiones.
El panel la tildó de inescrupulosa y mascalzone, coincidiendo en que con la salud no se juega, aunque algunos especularon sobre problemas mentales; destacaron la crisis en bancos de sangre y su creatividad emprendedora en estafas.