El pastor enfatiza la importancia de escuchar al Espíritu Santo, citando Apocalipsis 2 y 3 donde se repite la orden de oírlo, señalando que es serio y firme de parte del Señor porque el Espíritu está con nosotros como paracleto, ayudador y consejero.
Explica que la iglesia nació en Pentecostés ligada al Espíritu Santo, que habita en los creyentes individual y colectivamente como templo de Dios (1 Corintios 3:16), y que Jesús está en medio de los reunidos a través del Espíritu. El Espíritu enseña y recuerda las palabras de Jesús (Juan 14:26), guiando a conocer a Dios en profundidades eternas.
El Espíritu Santo otorga poder para humildad, santidad, vencer tentaciones y testimonio evangelístico, no para exaltación personal. Es el secreto del crecimiento de la iglesia primitiva, requiriendo líderes llenos del Espíritu para la obra misionera.
Finalmente, el Espíritu elige a los líderes de la iglesia, como a Bernabé y Saulo, separándolos para la misión, y Dios provee sin que vayan a su expensa. Insiste en respetar y honrar al Espíritu para que permanezca.