El pastor continúa explicando la obra del Espíritu Santo en la iglesia primitiva, enfatizando que los líderes deben estar llenos de su poder para santidad, humildad y testimonio eficaz. Cita que la clave es una relación personal creciente con el Espíritu, bautizados en su poder, y lo celebra con aplausos al Señor.
Destaca que el Espíritu Santo elige a los líderes, no los hombres, recordando que Dios no está obligado a quedarse en lugares sin respeto. En la iglesia de Antioquía, el Espíritu dijo: "Aparten a Bernabé y a Saulo" para una misión especial, enviándolos capacitados, no a su propia expensa, generando resultados sobrenaturales.
Relata el discurso de Pablo a líderes de Éfeso, quien obedecía al Espíritu hacia Jerusalén pese a prisiones, exhortándolos a cuidar el rebaño con ayuno y oración, pues el Espíritu los puso como líderes. Pablo preveía su última visita, cárceles y lobos rapaces por su comunión íntima con el Espíritu.
Insiste en que podemos tener esa comunión pagando el precio espiritual: oración secreta, vigilias. El Espíritu envía misioneros a través de la iglesia, guía en problemas (Hechos 15) e intercesión, advirtiendo no entristecerlo ni blasfemarlo. El secreto del servicio eficaz es someterse totalmente al Espíritu Santo.