La tragedia del terremoto en Venezuela ha dejado profundas secuelas psicológicas en la población, con familias enteras lidiando con cuadros depresivos, pánico y ansiedad.
El proceso de duelo y dolor se agudiza ante la imposibilidad de realizar rituales de despedida para los seres queridos fallecidos, generando un "duelo congelado" que afecta la salud mental.
La solidaridad y la resiliencia de los venezolanos se manifiestan en la búsqueda de espacios para el juego y la alegría, incluso en medio del desastre, pero la necesidad de atención psicológica es apremiante.