Se reitera que para ser libre de hechizos, conjuros y maldiciones, incluso las generacionales, es fundamental haber "nacido de Dios" y no estar en pecado. La obediencia al Señor garantiza la protección contra el maligno.
Se afirma que el diablo no podrá tocar la vida, familia, hijos ni economía de quienes obedecen a Dios. La protección divina está disponible para los hijos obedientes, quienes son bendecidos por Dios y no pueden ser maldecidos por demonios.
Finalmente, se menciona la importancia de renunciar a las tinieblas y a lo oculto y vergonzoso como último paso para evitar caer en el entrampamiento y los maleficios.