Se señala la falta de un perfil psicológico y psiquiátrico de Lucía Sosa, a pesar de los antecedentes de muertes de sus hijos.
Se plantea la preocupación sobre cómo la población tomará este caso y se menciona que en una iglesia a la que concurría la mujer en Villa Gesell también hay denuncias de abuso.
Se indica que la mujer inventaba historias y que nadie encendió las alarmas ante sus extraños comportamientos y visitas al hospital.