Se reflexiona sobre la muerte de Jesús en la cruz, aclarando que no fue un arresto forzado por los judíos, sino una decisión divina.
Se menciona un intento de arrojar a Jesús a un abismo en Nazaret, del cual se salvó usando el poder de Dios, demostrando su control sobre la situación.
Se introduce la figura de Naamán, un general sirio que padecía lepra, como un ejemplo de cómo la fe y la intervención divina pueden obrar milagros.