El pastor Cinalli reflexiona sobre el infierno, sugiriendo que quienes allí terminan se lamentarían de no haber tomado la decisión correcta en vida.
Afirma que el paraíso no está lleno y que la decisión de ir allí es personal, y si no se toma, uno mismo labra su propia condenación.
Enfatiza que nadie más que uno mismo es culpable de su destino final, ya que Dios y el diablo no toman esa decisión por las personas.