Tras el parate invernal de 1941-1942, el Ejército Rojo lanzó contraofensivas limitadas en Ucrania para recuperar ciudades estratégicas y aliviar la presión sobre Moscú. A pesar de sangrientos fracasos, estas operaciones inmovilizaron a importantes fuerzas alemanas.
La resistencia ucraniana se manifestó no solo en el Ejército Rojo, sino también en millones de civiles y partisanos que saboteaban al enemigo. La ocupación nazi fue brutal, incluyendo ejecuciones masivas y el Holocausto, especialmente en Babi Yar. La victoria soviética en Stalingrado y Kursk en 1943 marcó un punto de inflexión, permitiendo al Ejército Rojo lanzar ofensivas masivas para recuperar Ucrania.
La operación Dniéper-Cárpatos de 1944 fue decisiva, con cruces monumentales del río Dniéper a pesar de las defensas alemanas. Kiev fue liberada en noviembre de 1943, seguida por otras ciudades clave. La expulsión de las fuerzas nazis de Ucrania permitió al frente soviético avanzar hacia el este de Europa, acelerando la derrota alemana.