Se plantea la pregunta sobre si las personas controlan el celular o si este las controla a ellas, especialmente en situaciones de aburrimiento, cansancio o tristeza. Se menciona un experimento en España donde se propuso estar 9 horas sin celular, lo que inicialmente generó estrés pero luego llevó a una mejora en la memoria, concentración y vínculos sociales.
Sin embargo, tras el experimento, surgió un sentimiento de incomodidad, ansiedad y "FOMO" (miedo a perderse algo), evidenciando la dependencia emocional al dispositivo. Se sugiere que el celular se utiliza más como un regulador emocional que por una necesidad real.
Se discuten estrategias para un uso más consciente, como desactivar notificaciones, usar modos de "no molestar" o "silencio", y la importancia de no tener el celular a mano constantemente. Se advierte que las aplicaciones utilizan técnicas de "pesca con mosca" para captar la atención del usuario a través de notificaciones intermitentes, activando la dopamina y generando un ciclo de dependencia.