Se critica la aparente "libertad de expresión" en Argentina, que permite a youtubers y figuras públicas difundir insultos y desinformación sin consecuencias.
Se compara esta situación con otros países donde se exige formación profesional para opinar sobre temas sensibles como finanzas o salud.
Se plantea la confusión entre libertad de expresión y libertinaje, y la necesidad de establecer límites para evitar la propagación de discursos de odio.