La situación económica se agrava y los testimonios de los ciudadanos reflejan la desesperación. Esther, jubilada, relata que hace dos años no consume carne y que ni siquiera la grasa le regalan en la carnicería, ya que los carniceros la venden porque es cara.
Las panaderías, en cambio, intentan paliar la situación regalando facturas y pancitos del día anterior. Sin embargo, el pan sigue siendo un producto caro. La gente se ve obligada a buscar alternativas para poder alimentarse, ante la imposibilidad de acceder a productos básicos.