El pastor Cinalli continúa su mensaje reflexionando sobre el valor del alma, citando a Jesús y advirtiendo que ninguna posesión terrenal puede compensar la pérdida del alma.
Enfatiza que la vida terrenal es solo la antesala a la eternidad y que las decisiones tomadas en este breve lapso determinarán el estado final.
Plantea que alcanzar metas, educación o éxito en esta vida pierde sentido si se pierde el alma.