Se profundiza en el análisis de la icónica fotografía de Gilda, cuestionando el origen de su corona, vestido y capa, elementos que contribuyen a su imagen "santa".
Se discute la interpretación del color del vestido, percibido por algunos como azul y por otros como violeta, similar a cómo la gente ve lo que desea en imágenes religiosas. La fotografía es venerada en su santuario, representando un encuentro entre la artista y el fotógrafo que capturó ese momento místico.