Jimena, de 43 años, se encuentra desempleada desde hace un año tras ser despedida de Brinks, empresa de camiones de caudales, donde trabajaba en el área de recuento. A pesar de haber sido indemnizada y contar con el seguro de desempleo, sus ahorros se agotan y recurre a "trabajitos" temporarios, a menudo en negro.
Relata que la mayoría de los empleos ofrecidos son temporarios, de corta duración y sin registrar, lo que dificulta su situación. A pesar de tener experiencia previa como administrativa, cajera y en manejo de dinero, siente que la edad es una barrera importante en su búsqueda laboral.
Jimena aspira a ganar un mínimo de 900 mil pesos para vivir dignamente, pero reconoce que muchos empleos ofrecen salarios considerablemente menores. La falta de acceso a crédito debido a deudas anteriores y su situación en el Veraz complican aún más sus posibilidades de conseguir un trabajo estable.