El consumo de carne vacuna ha experimentado una baja del 10-12%, según informes oficiales, sumado a una caída ya existente desde el año pasado. En contrapartida, la venta de pollo y carne de cerdo ha aumentado, en parte debido a sus precios más accesibles en comparación con la carne vacuna.
Pablo, un carnicero con 30 años de experiencia, explica que los últimos aumentos fuertes de la carne vacuna fueron en noviembre y febrero. Si bien hubo pequeños ajustes posteriores, el principal factor que impulsa el consumo de cerdo y pollo es la comparación de precios: dos kilos de costilla de cerdo cuestan $13.000, mientras que un kilo de bife ancho supera los $14.500. Lo mismo ocurre con el pollo, donde cinco kilos de suprema cuestan $46.000 frente al precio de la bola de lomo.
A pesar de la baja en el consumo de carne vacuna, los carniceros buscan mantener el volumen de ventas y, según Pablo, los precios que manejan son competitivos y de buena calidad, con cortes como el lomo a $23.400 el kilo y la picada común a $10.000 por kilo.