Se analizan las teorías conspirativas que rodean a la Selección Argentina tras la final del Mundial, calificándolas de "pelotudeces" e "inventos".
Se ironiza sobre la posibilidad de que el FBI haya intervenido en el vestuario argentino, destacando la convivencia de 50 días del equipo y la presión externa sufrida.
Se critica la campaña anti-Argentina, tanto nacional como internacional, y se cuestiona la credibilidad de quienes sostienen estas teorías, especialmente tras la derrota en la final ante España.