Se cuestionó la lógica de un partido arreglado si este se extiende a 120 minutos y penales, y por qué jugadores como Enzo Fernández y Paredes se harían expulsar en jugadas de riesgo.
Se mencionó la dificultad de cerrar un partido arreglado en los penales y se contrastó con casos históricos de partidos arreglados donde los dirigentes no blanquean los métodos.
Se señaló la inconsistencia de las teorías conspirativas, ya que si el partido estuviera arreglado, no se explicarían ciertas acciones de los jugadores en la cancha.