Se debatió la diferencia entre el festejo del subcampeonato de 1990 en Argentina y la ausencia de celebración tras la final perdida en el Mundial actual.
Se planteó que los jugadores no tenían ganas de festejar, a diferencia de lo ocurrido en 1990, y se sugirió que el contexto político podría haber influido en la decisión de no celebrar.
Se diferenció la invitación del gobierno a los jugadores en 2022 (que fue rechazada) de la situación actual, marcando que son dos contextos distintos.