Se planteó la teoría de que la final del Mundial contra España pudo haber sido "arreglada" o "truchada", sugiriendo que hubo una conspiración de poder.
Se mencionó que Donald Trump y el Rey de España podrían haber estado involucrados en esta supuesta conspiración para que Argentina perdiera.
Se argumentó que la FIFA y los árbitros favorecieron a España, y que Argentina fue obligada a perder por cuestiones políticas, comparando la situación con la final de 1990.
Los panelistas expresaron indignación ante la posibilidad de un robo en la final, calificando a los españoles como "delincuentes" y sugiriendo que la victoria de España fue "por escritorio".