El consumo de carne ha caído un 11%, según estadísticas recientes. Los carniceros notan que los clientes se quejan desde hace meses, y aunque el Mundial de Fútbol disimuló la situación, la realidad es que la gente gasta menos.
Los locales de venta de carne registran una caída en la demanda, lo que explica en parte por qué los precios de la carne no aumentan de forma descontrolada, a pesar de la inflación general. El kilo de asado, sorprendentemente, estaba más caro en enero que en la actualidad.
La estrategia de los carniceros es regular los precios de los cortes más demandados, como el asado, para poder vender la media res completa. Mientras tanto, cortes como la carne picada y los destinados a guisos tienden a subir de precio debido a la mayor demanda en invierno.