Vanessa entendió que debía entregar todo espiritualmente y decidió asistir diariamente a la Universal. Allí, aprendió sobre Dios, leyó la Biblia y oró fervientemente. Su sacrificio emocional implicó perdonar a su familia, a sus hermanos, a su papá, a su mamá y, fundamentalmente, a sí misma, liberándose de rencores y tristezas acumuladas.
Durante esa semana, Vanessa comenzó a experimentar cambios físicos notables, recuperando movimientos que no podía realizar desde hacía más de 15 años. Su búsqueda espiritual se intensificó, pidiendo a Dios ser bautizada con el Espíritu Santo y sintiendo su presencia de manera clara.