Se narra la travesía de algunos argentinos para llegar a Nueva York para la final del Mundial, enfrentando problemas con vuelos y la escasez de autos debido al colapso de aeropuertos. A pesar de las dificultades, la pasión por la selección los impulsó a continuar el viaje.
La reventa de entradas para la final alcanza cifras exorbitantes, superando los 8000 dólares, lo que dificulta el acceso para muchos. Ante esta situación, numerosos argentinos sin entrada se trasladan a Nueva York solo para vivir el clima festivo y apoyar al equipo.
Se describe la logística de acceso al estadio, con anillos de seguridad y controles exhaustivos para evitar elementos prohibidos y falsificaciones de entradas. La presencia de figuras políticas como Donald Trump y Pedro Sánchez incrementa las medidas de seguridad.