Verónica compartió su historia de lucha contra las adicciones, iniciada tras su separación matrimonial y la influencia de una amiga. La dependencia de las drogas la llevó a descuidar a su hijo y a involucrarse en una relación con una pareja que también consumía y terminó detenido.
Sola con tres hijos y en una situación desesperada, Verónica buscó ayuda y fue llevada a la Iglesia Universal. Allí, al participar del propósito del "agua viva", pidió a Dios ayuda para dejar los vicios y poder estar con su familia. Tras una semana de tomar el agua y orar, sintió que las ganas de consumir habían desaparecido, logrando así su liberación.