La ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida como ley de etiquetado frontal, es un hito ambiental que va más allá de advertir sobre el exceso de nutrientes críticos en los alimentos. Su vínculo con el ambiente radica en que un menor consumo de ultraprocesados se traduce en una menor huella ambiental.
Los alimentos ultraprocesados impactan negativamente en el uso de recursos naturales, tierra, agua y energía, además de incrementar las emisiones de gases de efecto invernadero. La ley visibiliza el sistema de producción y comercialización de estos productos, que a menudo se oculta tras un marketing agresivo.
La implementación de sellos negros frontales no solo informa al consumidor, sino que también impulsa a la industria a reformular productos, reduciendo grasas y sodio. Un ejemplo es Chile, donde sistemas similares de etiquetado llevaron a cambios en los hábitos de compra y a una reformulación significativa de productos, demostrando el poder de las regulaciones para transformar el sistema alimentario.