Se aborda la importancia de honrar a Dios, a la pareja, a los hijos y a los padres como manifestación de espiritualidad.
Se señala que el comportamiento, la forma de alimentarse, la actividad física y la responsabilidad son indicadores de si somos personas espirituales o no.
Se enfatiza que el cuidado del cuerpo es una forma de honrar a Dios y a la familia, ya que los seres queridos nos observan y nos honrarán a su vez si somos responsables.