La inseguridad en la región fronteriza entre Burkina Faso y Costa de Marfil ha provocado desplazamientos masivos y un aumento del robo de ganado, principal fuente de ingresos para grupos armados yihadistas. Habitantes de aldeas atacadas han huido a localidades vecinas en busca de refugio, enfrentando dificultades para subsistir.
La falta de cooperación en materia de seguridad entre ambos países dificulta la contención de las amenazas. Costa de Marfil ha reforzado sus capacidades de inteligencia con la inversión en drones de vigilancia y la creación de un centro de formación, con el apoyo financiero de la Unión Europea.
La situación humanitaria se agrava por la reducción de la ayuda internacional, dejando a miles de refugiados y solicitantes de asilo en una situación precaria. El centro social de Doropo se ha convertido en su única fuente de ayuda, pero los recursos son insuficientes ante el creciente número de personas necesitadas, lo que aumenta el riesgo de reclutamiento por parte de grupos armados.