Charles Ingalls confronta al encargado de la fábrica Muebles Hace, acusándolo de robar su diseño de mesas. El encargado niega la acusación y minimiza la situación, argumentando que en la era industrial los diseños son fácilmente replicables y que el negocio es lo principal.
Ingalls se muestra indignado, pero el encargado le advierte sobre los costos y el tiempo de un posible litigio legal, sugiriendo que debería aceptar la situación y que el diseño ya no le pertenece.