Carlos, un excombatiente de Malvinas, compartió cómo el teatro se convirtió en una herramienta esencial para su reconstrucción personal tras regresar de la guerra. A pesar de haber tenido un oficio estable como carpintero, la experiencia bélica lo marcó profundamente, llevándolo a un estado depresivo.
Decidió estudiar teatro, una vocación que sentía desde joven, y lo que inicialmente parecía un riesgo para su estabilidad económica se transformó en una vía de expresión y crecimiento. El teatro le permitió superar su timidez y conectar con su lado más auténtico, logrando un desarrollo personal exponencial.
Carlos reflexionó sobre cómo la guerra le ayudó a relativizar las consecuencias de dejar un trabajo seguro para perseguir su pasión. A pesar de las presiones familiares y la pérdida de un empleo estable, se aferró a su deseo de ser actor, encontrando en el arte una forma de sanar y de construir una nueva vida.