Diego relata su experiencia de vida marcada por la depresión y la búsqueda de respuestas en el esoterismo y la cartomancia, tras sentir un vacío existencial. Su padre también acudía a centros espirituales por problemas económicos.
Diego se involucró en rituales, llegando a ser "campón", encargado de mantener el orden del altar y las herramientas utilizadas por las entidades en sesiones donde se realizaban ofrendas y rituales en cruces de calles o a orillas de ríos. Se realizaban rituales de apertura con vino y miel en los chakras para incorporar espíritus.
A pesar de sus esfuerzos, su situación empeoró, sufriendo pesadillas, visiones de seres horribles, ataques y violencia por parte de las entidades. Su vida se convirtió en un tormento, viéndolos incluso de día y usando amuletos para intentar dormir.