Se profundiza en la trucha arcoíris, una variedad introducida en Argentina por Perito Moreno en 1906 y que prosperó en los ríos de la zona cordillerana y serrana. En Mendoza, su producción comenzó en 1922.
La aparición de criaderos fue fundamental para sostener la población de truchas, tanto para el repoblamiento como para evitar la sobreexplotación de los ambientes naturales. Estos criaderos se han convertido en parte de los circuitos turísticos, ofreciendo la posibilidad de pescar y consumir truchas de manera responsable.