Valentina acude a un local de joyería para tasar joyas familiares (un dije, un anillo y un prendedor) con el fin de financiar sus estudios de psicología y mudarse para abrir su consultorio. Las piezas pertenecen a su madre y abuela.
Se evalúan un dije de oro blanco y amarillo con brillantes, un anillo antiguo con perla de cultivo y brillantes, y un prendedor de oro blanco con brillantes y perlas intercaladas. La tasadora, Florencia, procede a medir las piedras y pesar las piezas para ofrecer una cotización.