Javier compartió su pasión por el bonsai de árboles autóctonos argentinos, aplicando técnicas japonesas para realzar la belleza de especies exclusivas del país. Actualmente, cultiva cerca de 200 bonsais, dedicándose a tiempo completo a esta actividad que le brinda satisfacción y serenidad.
Destacó que los árboles recolectados en la montaña, expuestos a las inclemencias del tiempo, adquieren un carácter único e irrepetible. Estas piezas, a menudo encontradas quebradas o rotas, son cuidadosamente trabajadas para convertirlas en verdaderas obras de arte viviente, aplicando técnicas de poda y alambrado para darles forma y armonía.