La crisis de Sancor, empresa láctea argentina con más de 70 años de historia, ha dejado a cientos de trabajadores en la incertidumbre sobre su futuro laboral. La planta principal de Sunchales, Santa Fe, que llegó a procesar más de 4 millones de litros de leche diarios, hoy solo mantiene a 178 empleados para la conservación de activos.
La quiebra, dictada en abril, ha afectado a más de 700 trabajadores que quedaron fuera de la empresa. La situación se agrava por objeciones al accionar del juez Marcelo Helsich, quien separó la empresa en seis lotes, lo que podría derivar en un vaciamiento y dificultar la recuperación de Sancor.
Trabajadores con hasta 19 años de antigüedad relatan la tristeza y la dificultad de la situación, recordando los años de esplendor de la empresa y la fuerte vinculación de Sunchales con Sancor, de la que dependía económicamente entre un 10 y un 15% de la población.
El informe también menciona presuntos hechos de corrupción, como el robo de 24 toneladas de queso y un incendio intencional en una planta, que habrían contribuido a la devaluación de la empresa y la posterior quiebra. La crisis de Sancor se suma a una coyuntura difícil para la industria láctea argentina, marcada por la política económica del gobierno actual.