Se reflexiona sobre cómo las grandes potencias como Rusia, Ucrania, Irán y Estados Unidos subestimaron la duración y complejidad de sus conflictos actuales, creyendo que se resolverían rápidamente.
Se plantea que la lucha por el poder y el orgullo nacional impiden la resolución, priorizando la victoria sobre la pérdida de vidas humanas. La política en estos niveles se enfoca en el poderío y la obtención de beneficios, relegando la preocupación por la gente común.
Se menciona la situación de Rusia con problemas de combustible y la presión sobre Putin, así como la posibilidad de que Irán genere un peaje en Ormuz, lo que significaría una derrota para Donald Trump en un año electoral. Se concluye que las vidas humanas son secundarias ante los intereses de poder.