Las grandes potencias como Rusia, Ucrania, Irán y Estados Unidos subestimaron la duración de los conflictos actuales, creyendo que terminarían en una semana. Ahora, la lucha se centra en la demostración de poder y en quién puede infligir más daño, con las vidas humanas como un factor secundario.
Irán podría intentar establecer un control en el estrecho de Ormuz, lo que representaría una derrota para Donald Trump, quien no puede permitirse perder de cara a las próximas elecciones. Por otro lado, si Irán logra este objetivo, los ayatolás en Irán también perderían poder. En Rusia, la situación en Ucrania se ha complicado para Putin, generando problemas internos y escasez de combustible.
La política en estos niveles se enfoca en el poder y la obtención de beneficios, dejando de lado el bienestar de la población. La pregunta es quién saldrá victorioso y con la mayor porción del pastel, mientras las vidas humanas son consideradas secundarias.