La segunda condición para una oración eficaz es pedirla en el nombre de Jesús, lo que implica pedir de acuerdo a la voluntad de Dios y para Su gloria. No se trata de una fórmula mágica, sino de alinear los deseos con los propósitos divinos.
Se aclara que no cualquier cosa que deseamos es respondida, sino aquello que se adecua a la voluntad de Dios y le da gloria. Pedir en el nombre de Jesús asegura que el Padre sea glorificado.