El agotamiento físico y mental tras los partidos del Mundial es extremo, llegando a afectar el sueño y la recuperación de los relatores. La intensidad de los encuentros deja secuelas, como la pérdida de voz y la dificultad para conciliar el sueño.
El estrés y la emoción de la competencia impactan en el bienestar de los profesionales, quienes dedican su energía a transmitir cada momento del torneo. La recuperación se vuelve un desafío, a pesar de contar con apoyo emocional para sobrellevar la situación.