Se cuestionó la actitud de algunos comunicadores que se ríen o mofan de la falta de trabajo de los actores, como en el caso de Alejandro Fantino hacia Tomás Fonzi.
Se argumentó que existen dos posibles motivos para esta burla: o que el comunicador se alegra de la desgracia ajena, o que está financiado por quienes impulsan políticas perjudiciales.
Se defendió a Tomás Fonzi, señalando que él hablaba de una realidad conocida por todos sobre la falta de ficción y la disminución de la producción audiovisual.