En el distrito neoyorquino de Corona, los residentes inmigrantes viven con entusiasmo y nerviosismo ante el Mundial. Si bien celebran el evento deportivo, la realidad de la política migratoria en Estados Unidos genera temor a ser detenidos o deportados. Algunos padres esperan afuera de las escuelas para asegurarse de que sus hijos no sean capturados por agentes federales.
La presencia de agentes del ICE en las calles genera miedo, y la comunidad se siente vulnerable. La situación política en Washington y la separación de familias son temas que preocupan profundamente, contrastando con la alegría que debería generar el fútbol.