El diezmo se define como el primer monto asignado de nuestro presupuesto, una ofrenda generosa. Al priorizar a Dios y darle lo primero y lo mejor, se asegura que el resto de nuestras finanzas queden bendecidas.
Demostrarle a Dios que Él está en primer lugar tiene beneficios invaluables. Cuando honramos a Dios con las primicias, nuestros graneros se llenan en abundancia.
Si no se ve la provisión de Dios, el problema radica en las prioridades. Honrar a Dios con lo primero y lo mejor garantiza que nunca se padecerá necesidad.