Brian relata cómo se interesó en la pena capital tras conocer a Wayne Reeder, un hombre condenado por un robo a una casa de empeño donde su cómplice mató al dueño.
Inicialmente, el abogado de Reeder defendía la pena de muerte, pero Brian notó que muchos condenados a muerte recibían una defensa deficiente. Tras contactar a varios bufetes jurídicos, aceptó una oferta de Harvard para abrir un centro legal para condenados a muerte, a pesar de no poder pagarle inicialmente.