Brian cuenta su lucha por conseguir ayuda legal para los condenados a muerte, enfrentando un promedio de 20 rechazos diarios. Estaba a punto de rendirse cuando un abogado de Harvard le ofreció fondos federales para abrir un centro legal.
Aceptó la oferta antes de que Brian le propusiera un trabajo y antes de saber que no podría pagarle, pero la oportunidad de ayudar a quienes más lo necesitan era primordial.