En Sudáfrica, el movimiento anti-inmigración ha intensificado las tensiones, llevando a cientos de personas a prepararse para abandonar el país. Quienes se van, esperan poder regresar tras regularizar su situación, mientras otros cruzan el río Limpopo en balsas, desafiando peligros como cocodrilos y la hostilidad de algunos sudafricanos.
El discurso xenófobo ha provocado roces diplomáticos con países como Nigeria y Uganda, que han evacuado a sus ciudadanos. La situación es tensa, con manifestaciones y patrullajes civiles que reviven los fantasmas de la segregación. Los inmigrantes, que representan cerca del 5% de la población, se han convertido en el chivo expiatorio del alto desempleo en el país.
La activista Jacinta Gómez Esuma lidera protestas contra el racismo y la xenofobia, desafiando al presidente Ramaphosa. Sectores de izquierda critican la violencia y acusan a los líderes de la revuelta de balcanizar a las comunidades negras. La situación se agrava con linchamientos y ataques sistemáticos contra ciudadanos de Mozambique y Malawi.