Se presentan varios ejemplos bíblicos para ilustrar cómo Dios transfiere riquezas de los pecadores a los justos como forma de castigo y justicia divina.
Se mencionan los casos de la fortuna de Egipto transferida a Israel, la de Amán a Mardoqueo, y la de los cananeos a los hijos de Israel, como pruebas de este principio.
Se concluye que la decisión de honrar y seguir a Cristo obliga a la restitución de lo robado y glorifica a Dios, demostrando su poder y justicia.