Las aves migratorias enfrentan odiseas descomunales para su supervivencia, necesitando cumplir sus cronogramas con precisión para llegar a cada escala migratoria en el momento justo de mayor abundancia de presas.
El tiempo es un recurso crucial para estas aves de larga distancia; una mala gestión puede ser fatal. Eligen sus sitios de escala por la oferta de comida en cantidad y calidad.
Un playerito de rabadilla blanca, por ejemplo, viaja miles de kilómetros desde el hemisferio sur a las tundras de Norteamérica, a menudo en vuelo constante sin descanso. Algunas aves logran llegar desde la bahía de San Antonio hasta el sur de Estados Unidos sin parar.
Pingüinos, ballenas, elefantes marinos y aves playeras realizan migraciones estacionarias y cíclicas según sus necesidades alimentarias y reproductivas. Su asombrosa precisión para guiarse y mantenerse unidas sigue fascinando a los científicos.