Se continúa la reflexión sobre el "quebrantamiento" como un proceso necesario para la utilización espiritual, citando el ejemplo de Pedro y el despertar de Gales.
Se subraya que la rendición de la voluntad personal a la voluntad divina activa lo sobrenatural en la vida, la familia y el ministerio.
Se concluye que las personas grandemente usadas por Dios fueron previamente quebrantadas, enfatizando la importancia de la humildad y la entrega total al Señor.